16 julio, 2012

Más allá de la realidad


María se sentía feliz con su reciente puesto de portera, llevaba tiempo deseando vivir en este edificio; sin saber el por qué, atravesaba cada día la ciudad hasta el casco antiguo en bicicleta, solo para contemplarlo; sus viejos muros parecían llamarla, ejerciendo sobre ella un extraño magnetismo, como si la conocieran de siempre. Por eso, cuando supo que solicitaban portera se preparó a fondo, tuvo que reinventarse, mentir en el curriculum, ocultar conocimientos; llevaba demasiado tiempo en el paro, al menos aquí tendrían un sueldo fijo y una vivienda; además los ratos libres podría dedicarlos a su verdadera pasión: escribir.
La vivienda que estaba ubicada en el entresuelo, era acogedora, íntima y la decoración le resultaba extrañamente familiar; en ella había una habitación infantil que le produjo una incomprensible angustia.
Desde que le dieron las llaves dominó el trabajo como si fuera la vieja guardiana del

edificio, escapaba de la rutina dando rienda suelta a su fantasía; realidad y ficción convivían estrechamente en su mente creando un conglomerado difícil de separar.
Cuando habló con la señora Nicoleta, advirtió que era especial; sintió como si la conociera de siempre; fue al visitar su casa cuando lo supo con certeza; reconoció las viejas marionetas que parecían tener vida propia y aquél entrañable ambiente entre cálido y mágico… Conversaron animadamente durante horas; las marionetas intervenían sin que María observara jamás el mínimo movimiento en los labios de Nicoleta. Su amistad más que iniciarse, pareció reanudarse.
El día que los niños aparecieron en su puerta empapados de agua de arriba abajo, pálidos; temblorosos, con los labios amoratados, sintió que su mente se colapsaba con imágenes terribles; los nombres de Lucia y Alberto brotaron de sus labios.
- ¡Ayúdanos! -dijeron
Corrió tras ellos escaleras arriba pero se desvanecieron ante la puerta del 2º B- María angustiada pulsó el timbre, lo dejó sonar hasta que le abrió una descomunal rubia platino, enfundada en un kimono rojo; sintió pánico, creyó reconocer aquel rostro cubierto por capas y capas de maquillaje; en sus escalofriantes ojos lucían pestañas postizas y una desatada perversión…La mirada ansiosa de María escudriñó el apartamento; sintió que se le estrujaba el corazón al descubrir la ropa mojada de los niños en el suelo; la falsa rubia cerró de un portazo dejando a María sin aliento; desasosegada, corrió a casa de Nicoleta en busca de respuestas; con la puerta abierta de par en par, la esperaba Nicoleta, ambas mujeres se fundieron en un abrazo.
-Lo siento María, ya conoces la respuesta; tus hijos eran como mariposas que revoloteaban alegres por el edificio hasta que cayeron en manos de ese travesti pederasta. Ni muerta lo superaste, el edificio tampoco, se tornó gris y quejumbroso; muchos vecinos lo abandonaron, los que nos quedamos vagamos contigo desde entonces; pero se acabó nuestro peregrinar María, mañana demolerán el edificio.
Al despertar, María se vio rodeada de personas que la socorrían; había caído de la bicicleta y se había golpeado la cabeza. El edifico en ruinas aún seguía ahí…
Texto: María Isabel Machín García

Narración: La Voz Silenciosa
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