26 septiembre, 2012

Oscurece en Edimburgo

Título: Oscurece en Edimburgo
Autores: 7 Plumas
ISBN: 978-84-614-8705-9
Edita: La Esfera Cultural
Nº Páginas: 330
PVP: 18 €
Después de un año en que iba demorándolo, por fin leí Oscurece en Edimburgo. En el último momento volvió a surgir la vocecita que me decía “aquí (en el pueblo donde veraneo) no tengo conexión a internet y no puedo seguir el consejo que nos da Amando Carabias en el prólogo” Pero decidí que no importaba; lo leería como si se hubiera escrito de forma convencional ¡A ver que pasaba!

A pesar de mi propósito, al principio buscaba el nombre del autor del capítulo antes de leerlo –muy discretamente colocado al mismo tiempo que suficientemente visible. Un buen detalle de diseño
. Incluso cuando ya estaba completamente metida en la novela, hubo ocasiones en que retrocedía para ver quien era el autor del capítulo en cuestión. Al hilo de esto tengo que decir que me pareció que las siete plumas consiguieron evitar estridencias en la escritura; el estilo resulta bastante homogeneo. 

En un momento, un poco a modo de queja, exclamé mentalmente ¡Caray, más personajes! Afán justificador o no, inmediatamente pensé que eso derivaba de la propia estructura de la novela. ¿Cómo si no poder ir hacia adelante? Fue una de las ocasiones en que me hubiera gustado poder ir al blog para leer los comentarios. Los índices de personajes

y lugares que se incluyen al final son un gran acierto. Sobre todo el primero de ellos me resultó muy útil.

Me confundió un poco que los personajes tengan tantos dobleces pero al mismo tiempo me gustó. No me creo ni me gustan los personajes monocordes, buenos buenísimos o malos malísimos. Resulta mucho más creíble un Jack que aún enamorado, sigue siendo ambicioso y deseando cerrar un buen negocio, que pretender hacernos creer que el amor le ha vuelto un ser sin ambiciones.

Oscurece en Edimburgo me pareció más un thriller que una novela negra: ritmo trepidante, planes de organizaciones poderosas que hay que frustrar, un objeto valioso que todos quieren y que solo el protagonista principal puede localizar. Lo que me lleva al segundo momento de queja; sumar el negocio con los medicamentos a la primera guerra mundial y a la presencia de nazis en Argentina y aderezarlo con poderes psíquicos me pareció algo excesivo.

De nuevo pensé que este “exceso” deriva en parte de la propia forma de escribir la historia (otro momento en que me hubiera gustado tener acceso a internet para ver los comentarios en ese capítulo). Pero al mismo tiempo esos “complots” –llamémoslos así-, consiguen trenzarse con coherencia, lo que me parece dificilísimo. ¿Y sería posible conseguir esa misma coherencia en el final? (Aún recuerdo la  delirante manera  en que Matilde Asensti termina El último Catón) Lo fue.

Para bien o para mal estas fueron mis impresiones de la lectura. Tan solo me queda felicitar sinceramente a las Siete Plumas y hacer esa segunda lectura on-line de algunos fragmentos del libro.


Crítica: Lammermoor