04 enero, 2013

El Dios de lo público



Rusti firmaba, hacía suyo todo a su paso. Rusti pensaba que tenía tarifa plana para sellar y personalizar todo su entorno. Rusti conquistaba espacios, paredes, vehículos, monumentos... Era muy popular. Todos hablaban de Rusti. Él se inflaba y seguía engolocinándose saturando su entorno con su sello, sin recordar la máxima de que "nada es eterno"

Afortunadamente hoy es el día, iremos a la plaza de la ciudad a ver como le guillotinan las dos manos. Compré dos entradas para el espectáculo


Pruebas inculpatorias aquí
Texto y fotos: Francisco Concepción
Narración: La Voz Silenciosa
    Rusti en los pórticos
    Rusti en garajes
  • En mobiliario infantil


Rusti en los furgones
En piedra de granito

Rusti en los coches