07 febrero, 2013

Pesadilla de Navidad

Me he levantado sudado tras unas Navidades infernales, he vivido en unos grandes almacenes en una escalera automática en la que sólo podía subir y subir, no había para bajar, en el ascensor no había teclas de los pisos inferiores y conforme subías iban despareciendo las del anterior, en las escaleras de incendio al presionar para colocarla se desplegaba hacía arriba, los rellanos estaban tapiados para descender y todo el mundo ascendía, ascendía con sonrisas sin expresión y al pasar por delante de un espejo la mía era la misma. Doscientos pisos más arriba que el último que perdí la cuenta la enésima vez, mis zapatos estaban desgastados hasta la altura de la rotula, he parado en mi intento de buscar la salida, he tomado un respiro y me he sentado, tranquilamente, respiración de fuego, contraigo el perineo, me relajo, visiono la situación, sacudo mi karma de los espíritus que me abrazaban y voy entreviendo las puertas de salida tras los pórticos
de mi corazón. Las atravieso y el chorro de calor que cae en el momento me reconforta ligeramente la perdida de temperatura por el proceso espiritual. Después de este punto y aparte, he mantenido mi patrón de vida para recuperarme sin realizar ningún exceso del shock vivido, levantarme hacía las 08:00 para ir a nadar aproximadamente 1 hora, almuerzo de fruta antes de pasar por el gimnasio para una clase de yoga, comer, descanso, un paseo tranquilo para mover el estomago y hacía las 18:00 a correr con los colegas un par de horas, cena tranquilla sin pasarse y a dormir. Ha sido en este momento cuando me he despertado y lo primero que he hecho ha sido ver si también llevaba ropa de deporte puesta para dormir, es que hay que joderse con los propósitos de fin de año que hasta se convierten en pesadillas y dormidos.

Texto: Ignacio Álvarez Ilzarbe