13 abril, 2013

Pellizcos


Los restos de lágrimas le quedaron pegadas formándose un pequeño charco en sus mejillas. Yo me acerqué curiosa, con la vieja lupa de papá, para poder verlas más de cerca. Entre tanta peca encontré una pequeña gota, agonizante, intentando agarrarse a uno de esos lunares como si de un salvavidas se tratara mientras gritaba “¡qué me seco, qué me seco!” Estaba claro que no podía dejar que se muriese, daba igual lo que mamá tardó en dormirla. De alguna manera tenía que volver a llorar, ¡ya sé! pellizcándola de nuevo seguro que lo consigo.

Texto: Érika González Leandro
Narración: La Voz Silenciosa