12 junio, 2013

Princesas

A mis primas les gustaba ser escuchadas, agasajadas. También un toque de pipermín en la cerveza y fumar con boquilla plateada. Al hablar me apuntaban con la barbilla en plena cara y, entre risitas ahogadas, pedían constantes favores —primito— para evitar quebrarse las uñas. Vestían a la última moda y siempre se dejaban invitar por mucho que uno no insistiera.

Una noche oscura las encontré en la cuneta desesperadas, bañadas en la grasa de su motor averiado. Me limité a acelerar, ofreciendo la más educada de mis sonrisas, la propia de todo un caballero. La que ellas se merecían.

Texto: Mikel Aboitiz