14 septiembre, 2013

La productividad del escritor


¿Cómo se mide la productividad del escritor?
¿Cómo se mide la productividad del escritor? 
¿Es posible medir la productividad de un escritor? En realidad la respuesta fácil sería no, pero no sería del todo cierto, aunque estrictamente sería la más aproximada que cabría dar. La productividad de un escritor no es algo que siga una norma común a más de un escritor a la vez. Cada cuál tiene sus proporciones y sus medidas al respecto. Incluso sin salirse del mismo escritor, la productividad puede ir por rachas y ser tan variable como ir de apenas unas frases bien hiladas a capítulos enteros.

En una sola sesión de trabajo, un escritor puede conseguir desde unas pocas páginas, a unos párrafos, unas líneas, o tal vez una sola, y no faltan ocasiones en que solo consigue una frase y además corta. Incluso cuando lo que consigue tiene como destino la papelera, puede haber conseguido algún objetivo oculto, incluso para sí mismo, como por ejemplo, respaldar o desechar definitivamente la inclusión de un capítulo o un personaje nuevo en su historia. Esto es la productividad del escritor.

Aunque el escritor se siente frente a su teclado con las ideas muy claras pero, en aras de
un resultado más vistoso y hasta poético, puede no encauzar debidamente su creatividad y acabar en un lugar inhóspito, equidistante entre un relato completamente desconocido y la peor versión del que le ocupa actualmente; es decir, puede acabar perdido.

Con todo, la productividad del escritor no acaba en el resultado del trabajo de cada sesión. En muchos casos lo escrito será carne de papeleracomo resultado de un sano ejercicio de autocrítica; y cuando no es así, quizás sí debería serlo, por el bien de los lectoresEscrito no es, ni con mucho, sinónimo de terminado. Lo escrito estará terminado cuando se encuentre impreso en un papel (o incluido en una versión final de un libro electrónico). De hecho muchas sesiones de trabajo no son de escritura propiamente dicha, o no al menos no en cuanto a lo que en profano se entiende como escribir. Muchas sesiones de trabajo son de lectura y relectura, de escritura y re-escritura, de correcciones, de desesperaciones, de retomar viejas ideas aunque solo sea para comprobar que aún no se han hecho lo suficientemente viejas como para resultar interesantes de nuevo, y por supuesto de desechar ideas geniales que realmente no lo eran tanto como nos parecían cuando se nos ocurrieron.

La productividad del escritor tampoco está en cumplir fechas de entrega con los editores. La productividad del escritor es un termómetro subjetivo cuyo mercurio solo puede hacer fluir un mecanismo interno del escritor que no siempre es conocido por el interesado, pero que le hace sentirse satisfecho, o no, del trabajo realizado.

En cualquier caso, sea cual sea la productividad del escritor, siempre es posible aumentarla introduciendo ciertas rutinas en sus sesiones de trabajo. Como se describe en 7 hábitos de escritores prolíficos, son precisas la dedicación, la concentración, la estructuración de las ideas, la lectura...

Esto en cuanto a la productividad del escritor, sobre la calidad de lo producido hablaremos próximamente.

El escritor en su Esfera
La productividad del escritor.
Artículo: Victor J. Sanz