02 octubre, 2013

Cabaret "La viuda negra"


Texto participante
en convocatoria.
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El cabaret cerró por vacaciones y cada bailarina se fue a su casa. A descansar, nada de movimientos provocativos e insinuantes debajo de las hojas o entre la corteza floja y pútrida de los arbustos. Y yo que vivo inmerso en la ciudad, contaminado de crímenes y pendencieros de las leyes, necesito distraerme, evadirme durante los días de mi receso laboral.
Con las arañas me une un vínculo de hermandad, y las que se dedican al comercio nocturno son el punto débil de mi existencia. Conozco tanto a estas arañitas que puedo describir la intimidad de cada una de ellas. Por ejemplo, las adultas -las atractivas de cola roja-, a diferencia de las jóvenes, cuando despunta el alba inmediatamente se cobijan en la solemnidad del hogar. Estas viuditas adultas se ganaron mi admiración: no son de andar “mostrándoles las piernas” al primero que se les cruza. Eso sí, no perdonan. Macho que anda cortejándolas es bicho muerto, al buche por atrevido. De presas fáciles está llena la telaraña, y así se aseguran el alimento diario. Para ellas su trabajo es como cualquier otro,

e interpretan a la muerte -la entrega por la pasión-, como una consecuencia y nada más; con eso se liberan de la culpa. 
Las jóvenes se creen las reinas del cabaret, las soñadoras que matan por lucirse en el estrellato arácnido. Pobres ilusas, de lunes a lunes constantemente con indigestión. Viven comiendo, por así decirlo.
Yo me divierto a lo grande haciendo uso del sarcasmo con los pobres machos que fallecen entregados al placer. “Tómelo como una experiencia” suelo decirles, aunque dudo de que mis palabras sean oídas a esa altura de la circunstancia. “El inmortal” me apodan, porque todos quisieran estar en mi pellejo para reincidir el acto.
La semana pasada las bailarinas volvieron a las tablas, y desde entonces, aprovecho para encerrarme en el cabaret, enviciado hasta el amanecer. 
Hablando de volver a las actividades, mañana lunes por la noche los miembros de La Liga retomaremos las reuniones. Batman nos citó en Ciudad Gótica, en un sitio cerca de su cueva; es evidente que a él también le cuesta regresar a combatir el crimen organizado. 
Una semana de diversión, nada más. Tanto sacrificio durante el año para gozar sólo unos pocos días. Pero bueno, todavía me queda un rato más de distracción, y ya que el cabaret por fin reabrió sus puertas, disfruto mis últimos momentos libres.
− Eso es, muchachas, con las seis patas, no dejen de bailar que hoy Spiderman es todo para ustedes.


Texto: Diego Alejandro Majluff
Narración: La Voz Silenciosa