19 octubre, 2013

Paquetes vacacionales para personas en busca de emociones fuertes

Texto participante
fuera de concurso
en convocatoria
Aunque un servidor está vacunado contra la publicidad pretenciosa me llamó mucho la atención. En el cartel rezaba “Paquetes vacacionales para personas en busca de emociones fuertes”. Era uno de esos días que vas con tiempo. Que caminas despacio y tomas el trayecto más largo para no llegar pronto a casa. Lo que allí me esperaba es mejor siempre retrasarlo. Así que entré en la agencia. Digo yo que sería una agencia de viajes, por lo que me hacía intuir el rótulo, pero un vez dentro no me quedó muy claro. Inmediatamente me saludó una señorita. Bueno... algo similar a una señorita. No podría precisar su edad. Si ello es importante diré que tendría entre veintidós y cuarenta y cinco años. Delgada, muy delgada, con buenas tetas y tatuada. Aunque ahora que lo pienso, aún no he sabido determinar si era una mujer con tatuajes, o un tatuaje que contenía una mujer. Tampoco me preguntes si era una mujer de color, me refiero a una negra, oriental o nórdica. Era del color de los tatuajes.

—Quiero unas vacaciones diferentes —le espeté directamente. Aunque lo que verdaderamente deseaba era salir huyendo de mi casa lo más lejos posible.

—Estás en el lugar adecuado —me tuteó el tatuaje mirándome a los ojos y con una seguridad que me produjo inseguridad.

El tatuaje con buenas tetas extrajo de una estantería un catálogo y lo puso sobre la mesa. Estaba impreso en papel satinado de alto gramaje y contenía fotos de una calidad

insultante. Lo abrió y lentamente fue pasando las páginas mientras me canturreaba muy bajito las excelencias y las particularidades de cada paquete vacacional.

—Tenemos un tour de cuatro días a las alcantarillas de New York —me dijo con cadencia sugerente mientras pasaba las páginas y miraba mis ojos esperando mis reacciones. Yo solo le miraba los dedos de sus manos, también tatuados. Lo hacía por temor a mirar el desproporcionado escote que tenía, que mostraba el camino a dos tetas completamente tatuadas y a unos pezones que portaban con descaro dos inmensos piercings.

—Éste es un crucero a una zona de vertidos radioactivos no controlados en una zona clandestina—. Le brillaron los ojos y entendí que era uno de sus productos estrella.

—Me gustaría algo que tuviese un poco más de acción—. Puestos, me quise hacer el hombre duro.

—¿Qué tal una cacería nocturna de indigentes en Brasil, en Sao Paulo? Está muy bien organizada.

—Estaría bien. ¿Pero tiene algo un poco más heavy? —pregunté ya lanzado, mirándola de frente y percatándome que tenía también los labios tatuados. Los de la boca, me refiero.

—El paquete más heavy soy yo —me soltó el tatuaje, de grandes tetas con grandes piercings, labios grabados en negro y caí que también de sonrisa y comportamiento malévolo.

—¿Aceptas Visa? —pregunté en ese momento ya tuteándola.

—Solo Visa Oro, como mis piercings —. Me pareció justo y cerramos fechas.


Texto: Francisco Concepción Álvarez