15 diciembre, 2013

Vagar en el recuerdo

Sigo aquí anclado, sin traspasar el límite de la ciudad, como si esta extraña vida desechase cuanto hice o dejé de hacer fuera del cinturón de cemento. Es un circuito cerrado, se repite cada noche, empiezo por un monte pelado y llego hasta un extraño parque donde duerme un lagarto. Luego bajo por mi calle, y veo mi imagen desorientada sentada en un portal, fumando con ansias de vida nueva, y sigo; sigo bajando para ver una pareja sentada bajo un arco monumental, me veo a mí mismo mintiendo y balbuceando mi cruel cobardía, sólo para ver en unos ojos amigos el brillo del desencanto… Quizás intuí algo, quizás os intuí a ambos, a mi extraño amigo de cara pálida, herencia igual a condena, y a mi otro amigo flaco y larguirucho, imitando la vida de quienes alcanzaron lo que nunca quiso tener… Os intuí, os escuché, y luego probé el veneno, tan potente que no puedo dejar de escribir ni después de muerto. Luego subo hacia una calle ancha y sucia, donde me perdía muchas noches buscando tu piso, y acabo en un parque donde me veo corriendo y chillando… Qué curioso, tú que tanto insistías en las cosas pequeñas de la vida, que fueras incapaz de aceptarme… Camino y camino, y con el día me esfumo, pero cada noche intento reunir todos los átomos de energía que me envuelven, para convertirlos en algo sólido, para volver a vivir, para dejar de vagar en el recuerdo.

Texto: Javier Huertas Sánchez