23 febrero, 2014

El beso de la princesa

Allí estaba él cuando abrió la puerta, ella tenía un nudo en el estomago, pero, como siempre, pensó que eran los nervios. Había estado todo el día pensando en lo que le iba a decir, ensayando en su cabeza el discurso para convencerlo de que lo suyo no era posible y las razones por las que no podían estar juntos.
Se dieron dos besos, como cada vez que se veían desde que eran pequeños, se conocían de toda la vida y su amistad era importante para ambos, aunque él sentía algo mas y así se lo había declarado en 3 ó 4 ocasiones a lo largo del tiempo.

Pasaron al salón y se sentaron y ella comenzó a hablar: " Mira, te he hecho venir para explicarte que lo nuestro no es posible (él no apartaba los ojos de los suyos), somos amigos desde siempre, y eso no debe cambiar, soy consciente de que tú sientes algo mas por mí, pero yo no, y eso es razón suficiente y de peso para que comprendas que debes olvidarte de mí en ese sentido, no me gustaría tener que separarme de ti y desaparecer de tu vida, pero si es necesario lo haré; no creo que tengamos que llegar a ese punto tan drástico, los dos somos adultos y debemos comportarnos como tal, sigue con tu vida, yo estaré como amiga siempre, como hasta ahora, pero no me pidas nada más porque soy incapaz de dártelo" Y se hizo el silencio.

Él estaba con la cabeza agachada y cuando ella dejó de hablar no reaccionó en ningún sentido, ni se movió. Ella se quedó mirándolo, esperando que hablara, que dijera algo... pero nada; fueron

unos minutos que parecieron horas, después del sermón que le había echado, esperaba alguna reacción por su parte, la que fuera, que llorara, que se enfadara...algo, pero nada. Y fue ella la que le dijo: " ¿no me dices nada?, dime por lo menos que piensas".

Él levanto la cabeza y la miró, su cara no reflejaba enfado, ni nerviosismo, estaba sereno, tampoco estaba llorando y solo le dijo: " En este momento solo quiero besarte". Ella se quedó perpleja, abrió los ojos sorprendida, era lo que menos se esperaba que contestara y le dijo: " ¿Pero tú has estado escuchando lo que te he dicho?, ¿cómo puede ser que no hayas entendido nada?, su voz sonaba irritada. Y él volvió a repetirle: " Te he oído, pero ahora mismo solo quiero besarte"

Ella se levantó y le pidió que se marchara, lo acompañó hasta la puerta y sin decir nada, él se giró, la cogió entre sus brazos y comenzó a besarla, al principio ella se resistió, pero fueron cinco segundos. Fue el beso más dulce, romántico, apasionado y sensual que le habían dado nunca y ese beso cambió toda su vida.

Cuando se marchó, se quedó apoyada en la puerta, estaba en estado de shock, temblando y completamente enamorada de aquel hombre. Aquel beso había despertado en ella algo que no sabía que existía, se sentía como la princesa del cuento de hadas y en ese momento, no sabía si todo había sido un sueño o si realmente aquello le estaba pasando a ella. Se tocó lo labios con un dedo y sonrió, si era real, al fin y al cabo ya le tocaba ser feliz. 

Texto: Susana Martínez