03 mayo, 2014

La cita que llega




Cada vez que pienso en ella, cada letra tipografiada que recorro diariamente recordándomela sin verla, recorre mi cuerpo un suspiro tranquilo. Sin excitarme, sin pensar situaciones extremas, con calma rehúyo las ordenes de mi inframundo. Sentarla a mi lado, abrazarla, hundirme en su cuerpo sin aspavientos, exhalando misterios y estirarme de placer como un cristiano desmembrado por 4 caballos. Morbo, no sé si es la palabra adecuada. Necrofilia, quizás, se acerca pero no clava la diana. 

La frecuencia de sus visitas se va anticipando a mis expectativas. No envidio a los que visita mientras su sonrisa se desliza sacando de los archivos todos mis desperdicios. A pesar de ello, su halo me sigue desenfocando y ansío una cita, que no fuera la última como condición.

Sin historias de primera mano, no existen, los susurros escritos la retuercen en imágenes de insana esbeltez arrebatadora, bella en su palidez oscura, triste buscona deambulando eternamente sin amante.

Bordeo los límites de la locura sorteando las filas de los que inconscientemente la esperan sin llamarla, la alejo con mi locura. No me llama ni soy su elegido. Mi llanto transparente recorre los surcos grabados por la sonrisa de una espera, de una conquista segura.

Texto: Ignacio Alvarez Ilzarbe

Narración: La Voz Silenciosa