03 mayo, 2015

El desprecio al telespectador de la ficción española

Imagina que estás viendo el capítulo de tu serie favorita. Imagina que en una escena hay un momento de máxima tensión donde la actriz protagonista está a punto de morir y en la siguiente escena aparece en el mismo escenario promocionando un “limpiachichi” (jabón de zonas íntimas).

Pues no lo imagines, sucede. Y además muy a menudo en las series de ficción españolas. Entre la escena de la serie y el spot publicitario solo existe algo que en teoría lo diferencia: un rótulo sobreimpresionado que dice “Tele-promoción”. Y de repente tras promocionar el “limpiachichi” la heroína vuelve a luchar por salvar su vida. 


Ejemplos como el anterior existen infinitos. Dos actores están enfrascados en una discusión vibrante y en el siguiente plano de tele-promoción, la actriz, con el mismo vestuario, te ofrece consejos de como maquillarte con el nuevo aplicador del producto X. Una falta de respeto al espectador desproporcionada. ¿Cómo me voy a creer y continuar dentro de la historia que me están contando? ¿Cómo pretenden los programadores y la televisión que me suba de nuevo a la trama? ¿Cómo pretenden que vuelva a estar expectante? ¿Cómo van a reclamar de nuevo mi interés, mi tensión y mi complicidad?

Pero aquí no acaban los despropósitos. Ahora también se estila, en algunas series, que tras concluir cada capítulo, emitir algo similar a un making-of donde te desvelan todos los secretos del rodaje y sus entresijos. Y te comes una charla amigable y de bromas a los dos los enemigos más violentos de la serie, que conversan sobre el rodaje y los por menores de una escena. Viene a ser algo similar como ir a un espectáculo de magia y tras concluir la actuación que el mago te explicase cada truco.

Y si no tienes suficiente, en la hora que dura cada capítulo, te “meten” aproximadamente cinco cortes publicitarios que duran como media entre cinco y siete minutos. Un verdadero atentando a cualquier obra y a los guionistas que se rompen la cabeza para adentrarnos en su historia. Pero hay verdaderos masoquistas que aún son capaces de soportarlo.

Se entiende que la producción de las series se financia con publicidad, pero lo que no se puede hacer es atentar contra la inteligencia y la paciencia del telespectador. Bueno, me equivoco. Sí que se hace y el espectador lo consciente. Así que a llorar al valle. A mí solo me pillan cuando por circunstancias tengo que ver una serie por obligación. Me explico, no son excusas, es algo similar a cuando un amigo te invita a la presentación de su libro. Te jodes y vas. Algo parecido me sucede con las contadas series que he tenido que sufrir.