16 junio, 2015

Envejecer


Mientras mis ojos despiertan frente al espejo, me veo.
Veo el deterioro de mi cuerpo despacio, hablándome, preguntándome hasta cuándo podré mirarme erguido de prestancia.
Hasta cuándo.
Hasta cuándo mis pechos seguirán yertos sin recorrer el camino de la decadencia. 
Hasta cuándo.
Y mi vientre podrá lucir una lucha de años, marcas de estrías, señales, anillos de árbol que no perdonan su tara.
Hasta cuándo mis párpados seguirán dejándome ver el color del cielo o la tela cristalina pronto cerrará el paso de una luz que lucha por colarse entre las aguas de una fina catarata.
Hasta cuándo mis pies sustentarán el peso de un cerebro con circunvoluciones anodinas a las que siempre quise ordenar.
Hasta cuándo.
Y hasta cuándo podrán mis hombros recuperar su forma después de cepillarme los dientes.
Y seguiré insistiendo sin llegar a ser o mi ser seguirá existiendo.
Hasta cuándo.
Hasta cuándo…