13 septiembre, 2015

¿Es sacrilegio los emoticonos en la escritura?

Hoy estoy vago, no tengo ganas de escribir mi Editorial como hago cada domingo. También soy humano (aquí debería de ir una carita con una sonrisa).


La lista de emoticones es casi infinita. Podemos expresar con ellos muchas cosas.
Reflexiono sobre la introducción de los emoticonos en los textos. Los escritores puristas y los ortodoxos literarios se ponen de uñas cuando escuchan plantear el tema y enferman cuando en un texto encuentran uno. Pero la verdad es que te salvan de muchos apuros.

¿Quién no ha contestado un Wasap o concluido un correo con un emoticono de una sonrisa? Cuanto trabajo nos ahorra, lleva tanto implícito, resume nuestro estado de ánimo de forma tan sencilla. Es simple e inmediato. Podemos estar tratando cualquier tema espinoso y con añadir un simple emoticono sonriente la cosa parece que se destensa.

Si queremos felicitar a alguien  ponemos las "manos aplaudiendo" y nos evita un montón de trabajo. O para expresar nuestro enfado colocamos esa cara roja malhumorada. Y lo mejor de todo es que son mensajes estandarizados que todo el mundo entiende. No se presta a la mala interpretación de una lectura, o a la mala redacción o comunicación de los sentimientos o mensaje del emisor. Hasta los más antipáticos podemos parecer simpáticos, cercanos, de buen "rollito". Todo empleado con mesura, pues de lo contrario puedes parecer hasta tonto.

Los emoticonos son como la comida enlatada. Como las conservas. Nos sacan de muchos apuros  y si las combinamos bien podemos hacer una gran plato. Aunque hay que saber buscar el momento para utilizarlos. No me imagino una velada romántica abriendo unas latas de sardinas... ¿O sí? Igual hasta están buenas. (Aquí debería ir una carita de asombro o de sarcasmo).

Cuando quiero desconcertar a alguien les mando el emoticono de la escultura de la Isla de Pascua (un moais) y entonces... Ya estoy... que hoy no tenía ganas de escribir ni de reflexionar, y ya me estoy liando. Quiero saber tu opinión. Hoy te toca trabajar a ti. (Otra carita risueña).