11 junio, 2010

Viaje hasta el fin de los hilos





La marioneta sale de casa con prisa. Qué nadie la vea. Sus zapatos repiquetean en el asfalto. Sólo quedan cinco minutos para partir. Está nerviosa. ¿Cómo será eso de viajar en un dragón metálico? Siempre cautiva en su teatrillo, bajo los antojos de aquel caprichoso Dios. Y esa doliente soledad. Viajaría sólo hasta donde sus hilos le permitieran. Después regresaría a su cofre encarnado.

Su ropita recruje mientras espera impaciente.

El tren suspira y abre sus puertas.

La marioneta intenta entrar, pero los hilos no alcanzan, así que tira, más y más hasta tensarlos al límite y entonces, cuando está a punto de retroceder, las puertas se cierran, desprendiendo los hilos de su cuerpo para siempre.
Ilustración: Elisabeth Nogales