15 enero, 2010

La verdad en el poema... o la desnudez del lógos

Los versos escritos desde la autenticidad del autor, muestran la desnudez del alma en que consiste el acto de la escritura. De esta manera el creador es capaz de mostrarse totalmente desnudo, ante la mirada atenta del lector. Pero al mismo tiempo, “el-escritor-de-verdad” tiene la capacidad de desnudar al lector, mientras se adentra lenta y serenamente en su pensamiento. Este hecho acontece desde la manera de escribir particular de cada autor y desde la sinceridad terrible que supone la escritura auténtica.
La escritura poética se nos ofrece como un acto que arranca en el centro mismo de la pasión, lo cual exige una correspondencia basada en la sinceridad total del lector. El auténtico lector sabe corresponder al escritor con toda su desnudez, y en el encuentro puro de ambas almas podemos hallar la raíz neurálgica de la correspondencia significativa, entre los dos ámbitos (creador y lector) implicados en el evento de la lectura.
El auténtico escritor no escribe, nos habla a través de la palabra escrita, delinea toda una poética de las pasiones y los sentimientos, en la que él mismo se ofrece tras su escritura. Tras cada palabra subyace íntegramente la presencia del escritor.
En esta práctica, que busca la desnudez del lógos, se pasa de la ternura a la pasión con una sencillez que provoca el desequilibrio, un desequilibrio interior que sólo se provoca en aquéllos que saben desnudar su alma, admirando a su vez el desnudo ajeno. Este evento sólo se provoca en aquéllos, que son capaces de contemplar con respeto intelectual y reflexivo la esencia del “otro”.
Pausadamente, en este evento contemplativo, el desequilibrio se va tornando en una serena armonía mesurada.
El ritmo trascendental que impone la lectura de un poema auténtico, es de una fuerza admirable... en unos cuantos versos podemos sentir el amor, el deseo, la pasión y el éxtasis... en unas cuantas líneas se desarrolla un acto pleno de entrega entre dos personas que se admiran profundamente, cada una a su manera y desde su ubicación contemplativa propia.
* * *
Y al final todo vuelve a su lugar... y quedamos en silencio...