20 febrero, 2010

A volandas

Vuelve a mirarme,
recordemos cuando desde tu sombra
con la piel salada por el verano,
saltaba a coger cangrejillos, caracolas y
a manos llenas agua fresca.

Recordemos los silencios de las siestas sin dormir:
tú en un extremo de la cama y yo en el otro
devorando revistas y tebeos;
y cómo brillaba en tus pies el rojo carmesí.
A volandas hacíamos las camas,
las sábanas blancas levitaban
hasta posarse impecables.
Mirábamos la línea entre los azules:
qué lejana era la tuya
y por eso, madre,
qué nítida es la mía.

Dácil Martín