06 junio, 2010

De la primavera al verano



Ahí están batiendo sus rabos de gato, dispersando sus semillas desde los vastos suelos a orillas del asfalto; colonizadoras emplumadas y traicioneras, de ariscos tallos que rajan la piel de las manos.

Prefiero el daño de una rosa, una rosa roja como la sangre pura que brota del corazón herido.
El allium blanco que apostillado en los bordes del sendero mendiga lágrimas a los caminantes.
La violeta tímida que regada por la últimas nieves y custodiada por las rocas se esconde en la cima.
Magarzas, alhelís, cerrajas, verodes y greenovias, amapolas en los prados que adormecen a las vacas recostadas; lavándulas y artemisas que expiran el aroma del verano sobre acantilados y barrancos, y donde a la sombra de una cueva te ví, alado.

Y las suaves briznas de las festucas que el viento peina sobre la arena.


Texto: Dácil Martín