29 junio, 2010

La Tierra




Me gusta mirar por la ventanilla como los paisajes cambian, como de repente una nube se llena de lluvia y la otra le hace la reverencia al sol que alumbra un poquito y luego hace mutis por el foro.
Me gusta ver como cambian las tonalidades, los verdes pasan de los más oscuros a los más claros y sus contornos se tiñen de cielos diferentes. Y sin embargo, todo parece estar estático, como que gente y paisaje se contagiaran en la supuesta inmovilidad de solo ver pasar.
Algunos niñitos descalzos, con rostros de tierra y ojos maravillados, se ven corretear tras los perros flacos, que siempre son muchos y que ladran de puro aburrimiento.
Lo verde se apaga, escasea, se muere, ante plantaciones de la soja maldita y más adelante la tierra inundada como reclamando equilibrio y cordura.
Todo se oscurece de repente, previo último intento del sol por no entregarse, como si lo hiciera más bello el permanecer más tiempo.
Y de repente la noche aparece enterita y sin parches.
Y todo se vuelve oscuridad profunda, solo unos ranchitos prenden sus luces y los niños, ya cansados, retornan a sus nidos con hambre y sueños.
Y la inmensidad abarca los espacios más chiquitos y lo pinta todo de cosmos dormido.
Rueda que rueda la rueda y a lo lejos, las estrellas se visten y salen a brillar.
Y la silueta del cosechador de estrellas se pierde en los contornos que se forman y deforman en las noches oscuras. Creí verlo en varios pueblitos y sobre todo en el medio de montes, que le susurraban que tenían pesadillas de muertes cercanas, como si el pobre cosechador pudiera hacer algo…Él siembra que siembra, esperando milagros…
La luna está con fiaca y se encapricha en mantenerse tras el telón azul oscuro, calladita y sin suspiros, porque a veces la pobrecita también se apena de tanta pena.
Rueda que rueda y el paisaje cambia y el verde duda entre hacerse río o sentirse roca.
De tanto contar silencios, me quedo dormida y sueño.
Sueño con siluetas humanas, con caras de tierra y alas de pájaros. Sueño con gritos lejanos que claman descansar en las tierras santas. Sueño con desplazados, expulsados y exterminados. Y en una especie de ronda, ritual de los tantos vientos, se yergue a duras penas, solo ayudada por los cielos, una mujer muy vieja, que llora desconsolada, que tiene raíz por piernas y sus manos son nidos en los que ya nadie anida. Yo estoy en un rinconcito, entre rendida y desconcertada, con un dolor profundo en el alma y alguien con rostro de tierra y alas de pájaro me susurra con un susurro viento, es la Pachamama, es la Pachamama…
Llora que llora mi alma y yo, sin ni siquiera alas para abrazarla.


 Texto: Cecilia Sarobe