09 julio, 2010

Tras la ducha


Autorretrato de Picasso. Imagen tomada de Internet



Después de la ducha matinal, su cara acudió al espejo. Le gustaba afeitarse entonces. Sin que el agua hubiera despertado todas sus neuronas, para su cerebro era imposible seguir la sucesión de órdenes: abre los ojos, mira, enjabona, rasura. No se dio cuenta, pues el aroma del café recién hecho y el suave murmullo de la canción que ella tatareaba distrajeron su atención. Fue al pasar el jabón cuando lo descubrió: aquel no era su rostro.

Cuando ella le dijo que el desayuno estaba listo, le llamó por otro nombre, el verdadero nombre de aquella cara, no el suyo.