21 julio, 2010

Tu reflejo


Estabas de espaldas los ojos cerrados sin conciencia de lo que sucedía, cercana iba desnudándome, con sigilo, para no despertar tu descanso.
Mientras iban cayendo cada uno de los botones de la blusa, mi piel empezaba a erizarse con solo contemplar tu cuerpo, acariciaba con mi mirada cada centímetro de tu piel, te hacía mío con la imaginación, te recorría despacio con mi pupila y el temblor se apoderaba de mi cuerpo como la primera vez, cuando me tocabas, sentada sobre ti en el banco verde de aquel escondido parque.
Ni me atrevía a moverme, no quería romper el momento que me regalaban mis ojos, no quería parar el recuerdo de tus manos, quería saber hasta dónde podía llegar mi imaginación, hasta que punto podía mi cuerpo sentir con la inspiración de tu cuerpo, si era posible cambiar el deseo en realidad sin tocarte, solo contemplándote.
La humedad comenzó a hacerse notar, procuraba no rozarme porque sabía que no me podría resistir, y terminaría culminando mi deseo con tu cuerpo. Intenté no hacer caso a las manifestaciones más claras, y quise detenerme en tus detalles, tu pie ligeramente doblado con sus largos y perfectos dedos, tu pierna que recorrí despacio porque su longitud me enloquece, el final de tu muslo con esa redondez que extasía, tu espalda el abrigo de mi frio, el cobijo de mi pobreza, tu pelo el oro de mis dedos…
No pude contener la pasión que me inundaba, no hizo falta ni un solo roce tuyo para rendirme, me abrí al esplendor de tu cuerpo, sucumbí al encanto de tu imagen, doblegué mi instinto al eco de tu reflejo.
Narración: La Voz Silenciosa