05 agosto, 2010

Amantes



Estaban hechos el uno para el otro, pero no para poseerse, sino para añorarse. Así fueron felices con sus respectivos conyuges a través de una infidelidad potable. Se dice que llegaron a odiarse de un modo trémulo, el sutil odio de amantes cansados. Nadie conoce de un beso o un roce de estos cuerpos habitados por almas gemelas, sólo miradas dulces o amargas, gestos que decían algo y por los que se sentían culpables. Pero era un lenguaje críptico que sólo ellos podían descifrar, pero que poco a poco se tornó más oscuro, como entresijos de un enigma que los llegó a aburrir hasta abandonarlo. Se hicieron viejos como desconocidos, en la memoria perdida quedó lo demás.