06 marzo, 2011

El esfuerzo de la creación (I)

Debido a los comentarios surgidos en mi entrada del pasado 22 de frebrero ("El don de la genialidad") y como prolongación de la cuestión allí tratada, me he visto en la obligación de haceros llegar este nuevo texto, que será publicado en dos partes.

"La capacidad sobresaliente de los genios para admirar el mundo y cambiarlo con su acción está fuera de toda duda. Los genios perciben sensaciones y desarrollan intuiciones con una maestría admirable. Pero ante semejante suceso hay que preguntarse qué hubiera sido de los grandes genios si no hubieran dedicado su vida a su obra, es decir, si no hubieran gozado de una desmesurada capacidad de trabajo. Mozart murió antes de cumplir los cuarenta, debido al enorme desgaste físico y psicológico que le supuso su ingente producción musical y mi admirado Miguel Ángel destrozó su espalda en un intento titánico por dar forma pictórica a La Creatio, en aquel techo que aún nos maravilla.
Sin embargo desde un punto de vista exterior, ignorante y atrevido, siempre se soluciona el conflicto etiquetando a todos estos hombres con la palabra "genio". Casi mecánicamente se argumenta: "...es que Dalí era un genio...", "...es que Beethoven era un genio...", "...es que Cervantes era un genio..." y por supuesto que lo eran. Alabamos su maravillosa actitud y acción ante la vida, pero también nos gustaría resaltar que todo eso no hubiera sido posible sin una gigantesca capacidad de trabajo. Estos genios dedicaron toda la vehemencia de su voluntad a erigir algunas de las más hermosas y verdaderas obras que jamás hayan sido creadas por nadie en ningún lugar. "