13 enero, 2014

Sinsentido

Pierdo la última onda de sus palabras, el último fleco de un acento que se mezcla con la luz difusa del mediodía que parece alimentarse de un atardecer de otoño.
Su eco o su reverbero o su sombra, tanto da, se me escapan, me huyen, se confunden con las esquinas de la luz, aunque intente rescatarlas, aunque intente hacerles un molde en mi corazón para que aniden y se encarnen.
Se me muere el claror de la jornada en pleno mediodía vestido en tonos crepusculares. Su penúltimo destello acuna el pulso final de sus palabras. Por más que lo intento, me quedo solo, peor, vacío. Los recuerdos se evaporarán en poco tiempo (un año, un lustro, una década, qué serán comparados con su ausencia).
Está ahí, acariciando el último pestañeo de mis párpados y no, ya no puedo sentir sus besos, pierdo la última onda de sus palabras en este fundido que no sé bien si es en negro, o en luz es.

Texto: Amando Carabias

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