31 marzo, 2015

Carta abierta a Alonso Ruizpalacios, director de "Güeros"

Estimado Alonso Ruizpalacios:

Lo único que -para mi gusto- sobra en su muy saludable "Güeros" son las dos alusiones a la película misma, una indicando que el guión es malo, y la otra que sólo por rodar en blanco y negro en 2014 sus autores creen que hacen arte. Tales juicios sobre la obra dentro de la obra me parecen exabruptos, como esas palabras con que no pocos conferenciantes empiezan su intervención: "van a tener que aguantar el rollo que voy a soltarles". Este modo de referirse a lo que uno ha creado, fruto probablemente de la inseguridad, es una falta de respeto al público y a uno mismo como autor.

Aparte de esos chirridos, en "Güeros" no sobra nada, ni siquiera la secuencia de la mujer desquiciada, sobre cuyo bebé se estrella el globo de agua que Tomás suelta desde su azotea en Veracruz, más por aturdimiento adolescente que por maldad. Esa mujer contrasta con la madre de Tomás, que con serenidad dice a su hijo que no puede con él y que se vaya con su hermano, estudiante en la UNAM, mientras observa sonriente el casette que el chico tiene en la mano, herencia de su padre. Ese casette contiene la música de Epigmenio Cruz, cuya búsqueda da cuerpo a una road movie por Ciudad de México que es también un viaje interior, un viaje iniciativo para Tomás y revitalizador para su hermano, sumido en la abulia y en la ansiedad de la inactividad durante una huelga estudiantil que emula la real de la UNAM de 1999. En el guión tampoco sobran los bien encajados guiños a Benedetti, Melville, Siqueiros, Dylan o Rilke, ni sobra Agustín Lara. Tampoco falta nada en "Güeros".


Desde Las Palmas de Gran Canaria le doy las gracias, Alonso Ruizpalacios, por la película cautivadora y distinguida que ha puesto usted en el mundo.

Rosario Miranda Juan



“Güeros” narra el encuentro entre Sombra y su hermano menor, Tomás, quien lo visita en la Ciudad de México tras algunos sucesos
desafortunados en casa de su madre. La llegada del joven Tomás imprime energía a la monótona vida de Sombra y su amigo Santos, la cual parece estar en pausa tras la huelga de la UNAM. Juntos, deciden emprender un viaje para encontrar a un legendario músico que escuchaban de niños, y cuyo paradero es desconocido desde mucho tiempo atrás. Esta búsqueda, atravesando las fronteras invisibles de la Ciudad de México, los llevará a descubrir que no pueden huir de sí mismos.