02 junio, 2015

Anoushka Shankar y Sandra Carrasco: huella de Oriente y flamenco en Madrid

Crónica: María Pasquín

Madgarden, 16 de Julio 2014, 20.30
Real Jardín Botánico Alfonso XIII-UCM. Avda Complutense s/n, Madrid

Anoushka Shankar, intérprete de sitar y compositora
Al grito de mi hermana ¡la última canción dura más de 15 minutos, no puedo quedarme al bis!, salgo escopetada, como huida del concierto de Anoushka Shankhar en el festival del Mad-no tan-Madgarden, en ese eterno jardín botánico de la Complutense que nunca se construía en el tiempo que duraron mis breves estudios en esa zona. Luego me fui al sur y allí me quedé, de por vida. Y en esa suma de sur e India finaliza este concierto de sitar y flamenco, las huella del oriente mezclado con nuestras tierras. El instrumento, el viento y la melodía en esta noche fascinante donde se combinan la voz interminable de Sandra Carrasco con el bamboleo de la India en un instrumento milenario.
Sandra inicialmente no me gustó en ese popurrí de canciones hispano-latinas variadas que, pasadas por el tamiz de su voz, se me hacían parecidas. Al final, envidié su figura y su buen hacer gitano.





Huí porque me arrastraron, que buenamente me hubiera quedado a un final que no cerré, pero del que disfruté mientras merodeaba en el puesto donde
me hice con el último disco de Anoushka. Sabias raíces del pasado de su padre, Ravi, con el presente y futuro del sitar, de los Shankar, en esta mezcla imperecedera de armonías del ayer congregadas con flamenco…con jazz, con el flujo americano, con las raíces africanas. La vocal-chelo, piano y voz; los chelos-tan occidentales y clásicos- con el ritmo oriental que batían dirigiendo el concierto con las palmas, batidas a ritmo ancestral que aprendí en Chasing shadows; y esos instrumentos de los que he de reconocer que desconozco sus nombres, de percusión, de viento que electrifican y te dejan en suspensión como el aire cálido de la noche de julio. Eché en falta un programa y poder localizar la lista de temas interpretados así como los nombres de los músicos, aunque Anoushka fue mencionando las canciones y nombró a los músicos, pero mi inglés no dio para más.

El público, algo escaso pero escogido, estaba entregado al encantamiento de la melodía y la figura. Mi hermana silbaba y gesticulaba embrujada como si una cobra hechizada brotara de la tierra del Jardín Botánico. Faltaba, de todas maneras, un poco de animación para bajar los sones de la élite a la plebe. Su nuevo disco, basado en la idea de que todo en el Universo deja una marca indeleble, logra establecer una conexión de pasado a presente y entre las gentes. 


Anoushka, una sirena de escamas malvas con sitar de plata estaba sentada esplendorosa sobre el suelo, ¿o una mujer tullida y bella sobre una roca? Me transportaba a la acidez de la India en mi piel que sentí este año por primera vez, como veneno o aliento de vida. Nos llegaba la sintonía de Metamorfosis, desde el Ganges en ese cambio de vida a muerte y a la inversa, un trance verdadero, que no logró calar en el público. La gloria del canto con vibraciones negras de resonancia neoyorquina The sun won´t set recibió una ovación grandiosa, con Ayanna Witter. La resonancia de Lasya en el chisteo de voces masculinas sorprendió a los asistentes, pero no llegó a que la gente compartiera ese flujo popular. Dos chelos, percusión y un piano son los instrumentos que vuelcan la melodía en sonidos tangibles. Esas Traces of you, el último disco, fusiona el devenir de la India, los amores amplios, retóricos y reales de la autora y la ampulosidad de Occidente. No faltó el homenaje a su padre.


Su final apoteósico clama como si fueran las infinitas oraciones hinduistas con los aplausos de los asistentes. Mientras salgo, restalla con el laúd indio el ininterrumpido lamento gitano de Sandra Carrasco y queda suspendido en mi paladar…mi hermana, vamos, vamos…Una pesada.