24 noviembre, 2009

Vale la pena flagelarse

Me siento escritora –aunque pronuncie esa palabra con mucho respeto-. No sé si es un don, pero, a veces, puede llegar a ser una maldición. Desconozco también si he alcanzado el nivel de arte que dice Capote, lo que sí he adquirido es ese látigo que siempre tengo en ON. Escribir una frase puede ser un parto con dolor, no hablemos ya de hilvanar dos: casi nunca me complace totalmente, siempre hay diferentes opciones y siempre la duda, la única que no abandona, cuchicheando al oído “esto es horrible, cámbialo; así no, no tienes ni idea; pero ¿cómo se te ocurren estas tonterías?, eres una cursi; no puedes decir eso; ¿cómo vas a hablar de eso?, vas a escandalizar a todo el mundo, no le va a gustar a nadie…”. Y la desesperación si no sale, y la gran satisfacción íntima si crees que lo has logrado. Porque por esa satisfacción, que asoma muy de vez en cuando, vale la pena flagelarse, de vez en cuando.

Texto: Anabel Consejo Pano
Narración: La Voz Silenciosa